El fracaso de la PSP
La PSP en España ha sido un desastre. Un auténtico desastre.
Hoy he hablado con el director general de una de las compañías de juegos que más ha apostado por este dispositivo y, aunque matizado por su educación y simpatía, el diagnóstico ha sido diáfano: la venta de películas en formato UMD es tan pobre como todo el mundo dice o más aún, y las empresas que fabrican los juegos se están planteando seriamente si seguir haciéndolo, teniendo en cuenta que la piratería se ha instalado en esta plataforma como nunca antes lo había hecho en ninguna consola de videojuegos. Mientras en PS2 el ratio de chips por aparato nunca había superado unas cifras manejables, los ‘geeks’ que se compran la PSP tienen claro cómo obtener el mayor rendimiento posible del aparato sin pagar por ello. Con una pequeña pega: si ellos no pagan por comprar, quizá los fabricantes tampoco se vean muy dispuestos a gastar para desarrollar el catálogo del chisme con juegos de una mínima calidad.
La apuesta de Sony por una consola portátil que actuase también como media center fue, en mi humilde opinión, un éxito tecnológico de enormes posibilidades. Como el Betamax.
Realmente la PSP es una máquina extraordinaria que, por una suma relativamente reducida, ofrece capacidad de reproductor multimedia que acompañan a unos gráficos y sonido fantásticos.
¿El principal problema para el usuario convencional dispuesto a pagar por el uso? En mi opinión, todo se debe a que los juegos son básicamente injugables en movilidad (a diferencia de la mucho más sencilla y divertida Nintendo DS). Tardan en cargar y son un remedo de lo que ya tenemos en la pantalla de nuestro salón.
Además, NADIE está dispuesto a pagar lo que cuestan los discos UMD. Y no me quitarán la idea de que esto se debe al hecho de que el grupo japonés se aseguró de impedir la conexión del chisme a la tele. Un error, ya que aunque la calidad hubiese sido ridícula con un cable compuesto enchufado a una pantalla de plasma, apuesto que para la tele chiquitita de mi dormitorio y la mayor parte de los chismes convencionales hubiera bastado y sobrado. Y, admitámoslo, puede que yo esté dispuesto por pagar por una película que puedo conseguir gratis en Internet, pero más le vale llevar extras, una caja bonita y darme la seguridad de que voy a poder ver lo que lleva dentro en todos los reproductores imaginables. El UMD es una absoluta soplapollez.
Mi charla con este responsable también me sirvió para constatar algo que para el sector es un hecho: Los fabricantes de juegos están que trinan con Sony por los retrasos. Aunque aceptan que la PS3 es un maquinon, no terminan de comulgar con gusto el hecho de que para intentar introducir el Blue-ray, como ya hicieron con el DVD y la PS3, les hayan jodido la campaña navideña en Europa y, en parte, en Estados Unidos. Sacar en marzo el catálogo de nueva generación que tienen preparado en diciembre es un problema porque la gente no tiene la misma disposición a dejarse las perras en jueguitos y prefiere ahorrar para el veranito.
Así, todo apunta a que utilizar la división más rentable de la compañía para contribuir al éxito de otras áreas pero a su costa puede terminar siendo el error más grave de la empresa que ignoró los fenómenos de las pantallas planas y del MP3 hasta que no tuvo más remedio que prestarles atención.
Además, este directivo me confirmó otro punto del que estaba bastante seguro: Microsoft no está dispuesto a dejar que se le escape ninguna otra gran exclusiva de las que decide usuarios. GTA4 irá para Xbox360 con contenidos adicionales y otras compañías, Square Enix incluida, van a suministrar algunas de las próximas grandes franquicias a ambos grupos. Aunque Final Fantasy por ahora parece que se queda fuera, sus creadores ya preparan alternativas potables para el rival. ¿Y quién sabe si no terminarán por ser más rentables?
Por ahora, mejor quedar a la espera y ver cómo avanza la situación. Revann y yo hemos alcanzado el compromiso de no comprar una consola de nueva generación hasta que el catálogo no esté definido y los precios no estén más claritos. La Wii y una PS2 a la que Sony no puede dejar morir por su elevadísima presencia en el mercado nos bastarán por el momento para llenar nuestros (escasos) momentos de ocio.












