Tres victorias, tres. Ese es el balance que podemos extraer de los tres primeros partidos del Mundobasket de Japón.
El primer encuentro, contra Nueva Zelanda, estuvo flojito y se zanjó con bastante autoridad. Algunos desajustes en defensa y una cierta permisividad a la hora de permitir el tiro del rival desde la línea de 6,25 ocasionaron algunos pequeños problemas. Sin embargo, la evidente superioridad del combinado español permitió zanjar la cosa sin angustiar demasiado al personal.
El segundo partido, contra Panamá, fue una merienda de negros sin paliativos. Los comentaristas del Carrusel de la Ser se tiraban de los pelos por el tiempo que les estaba sobrando en la retransmisión. Un entrenamiento que permitió a España rotar bastante banquillo. El único susto, los problemas de tobillo de Navarro. Después de sufrir la baja de Felipe Reyes, una baja tan importante como la de la bomba podría dejarnos bien jodidos.
El encuentro disputado hoy, contra Alemania, era la primera prueba importante y fue saldada con contundencia. No soy de los que piden al combinado nacional que gane con sufrimiento. Para eso está el fútbol. Me ha encantado ver a Dirk Nowitzki desasistido y aislado, sometido a una zona agobiante y sintiendo en la nuca el aliento del raptor Garbajosa. La defensa, soberbia. Si hay algo que me gusta de España es que tiene la ambición suficiente como para desarrollar una zona agresiva y frenética cuando va ganando de 20 y a falta de dos minutos. Esa concentración será clave según vaya avanzando el torneo.

Otra buena noticia es que, como ya se vio en los previos, la Gasol-dependencia ha llegado a su fin. Enredado en un problema de faltas en los primeros minutos del partido, el de Sant Boi chupó banquillo hasta el final del segundo cuarto. No importó. La bomba Navarro y un Calderón dispuesto a asumir más responsabilidad se echaron al equipo a las espaldas mientras Garbajosa seguía con eso del aliento y Nowitzki se cabreaba más y más. El buen rendimiento de Marc Gasol, que está dando la razón a Pepu, que le prefirió a Hernández Sonseca, me sigue sorprendiendo. De hecho, no estoy añorando en absoluto a Felipe Reyes y empiezo a pensar que hará grandes cosas en Gerona. Olé también para el siempre eficaz Mumbrú y para un Berni Rodríguez que se estrá mostrando peleón y combativo cada vez que pisa cancha.
Pero no todo fueron luces en este encuentro. Sergio Rodríguez y Carlos Cabezas no estuvieron a la altura de lo que de ellos se espera, especialmente el primero. Sin embargo, confío en que ambos se tranquilizarán, encontrarán su juego y permitirán que Calderón se siente tranquilo.
Otra cosa que me sorprende es la mala pareja de comentaristas de La Sexta. Aunque el combinado Salinas-Montes no fue en absoluto de mi agrado durante el Mundial de Alemania, al menos había que reconocer una cierta voluntad de añadir frescura a las retransmisiones, así como una química estupenda entre ambos.
Iturriaga y Montes no pegan ni con cola. Aunque el de Bilbao siempre me ha sorprendido positivamente en su incursión en el periodismo, y sus columnas y artículos en El País siempre han sido más que aceptables, no me convence nada su faceta audiovisual. Tabernero, tosco y torpe, tiene además la mala costumbre de referirse una y otra vez a su etapa como jugador en términos más que elogiosos.
Quejándose de que la gente no le conoce, que él fue uno de los grandes jugadores españoles de su tiempo o empeñándose en afirmar que hubiera sido un ‘crack’ de haber pisado la NBA, no se hace ningún favor. Probablemente todo sea cierto, pero está claro que pierde enteros al recordárnoslo constantemente.
Mi chica le notó resentido por el éxito de nuestros chicos de oro, por la progresión que están demostrando y por el éxito sin paliativos de Pau Gasol. Personalmente, y aunque me cuesta desmerecer los logros de los padres del baloncesto en España, no puedo dejar de creer que nuestros jugadores están a un nivel muy superior que en aquel entonces. Pero ese es un debate para otra ocasión. El caso es que Montes no parece demasiado contento, y supongo que no ayuda que Iturriaga le recuerde cada dos minutos que es negro. Desde luego, hay veces en que la vida no es maravillosa en absoluto.
El miércoles toca Angola, un cruce que debemos ganar para asegurarnos la cabeza de la clasificación y asegurarnos un rival asequible en la próxima ronda.
Estoy ilusionado y creo que tenemos opciones de ganar el torneo. Puede que un partido malo nos tire antes de tiempo, pero sinceramente creo que esta selección ni siquiera ha empezado a demostrar de qué es capaz.