La cosa avanza despacio. Como en las buenas relaciones, mi dieta y yo estamos jugando el uno con el otro, tanteando nuestros límites y descubriendo qué tenemos en común.
Sigo sin picar absolutamente nada entre horas, y mis consumos de calorías se han reducido escandalosamente en las comidas. Evitar el pan y los carbohidratos en general está teniendo su recompensa.
En la cena de ayer, me tomé un gallo y un poco de la coliflor al ajo arriero ‘a la Revann’, que me gustó más de lo que había esperado. Por extraño que parezca, me dio la sensación de que ya había comido demasiado. Eso es lo ideal, que junto a las raciones vaya reduciéndose mi necesidad de ingerir grandes cantidades de alimentos. El llamado “estrechamiento de estómago”.
Hasta ahora, mis pecados no han sido muchos y probablemente reincidiré. El sábado tomé como comida principal un sandwich integral de pavo con ensalada y ayer en el gimnasio aposté por un sandwich vegetal. Vale que es pan y lo tengo prohibido, pero como la ración es pequeña y forma parte del plato, lo dejaré pasar. Lo que tampoco haré será convertir los sandwiches en parte integral de mi dieta, pero para situaciones puntuales son una solución razonable.
Mi otro pecado es el azúcar. Es cierto que sigo tomando café con azúcar, pero me niego a dejarlo. Creo que mi organismo lo necesita para funcionar y no voy a renunciar a él.
Por otro lado, creo que me compraré un suplemento vitamínico…
En el apartado lúdico, esta tarde voy a superar mi primera prueba de fuego en el palco del Bernabeu, para ver el Real Madrid-Mallorca. No comer como un cerdo en estas situaciones SI es complicado. ¡Pero lo conseguiré! Como el partido es a las 21, lo más probable es que termine picando algo que cuadre con mi dieta y me quede sin cenar después.
Tengo dudas también sobre el alcohol. Me consta que engorda mucho, y que uno de mis primos logró adelgazar una barbaridad simplemente suprimiéndolo de su dieta (lo que me hace pensar en cuánto estaba bebiendo antes). Como cada vez más soy un bebedor ocasional y apenas recuerdo la última vez que me pegué un cubata en lugar de una cerveza, creo que será absurdo fijar reglas demasiado estrictas al respecto.
Otra cosa que me llama la atención es que a mucha gente le sorprende mi dieta, y considera que no la necesito. Gran mentira. La gente muy alta tiene tendencia a disimular esas cosas, pero yo he pasado de ser el típico tirillas a que la gente me vea como una persona grande. Myka y Vampi me conocen desde hace muchos años y son los principales testigos del cambio. El paso siguiente es lento, pero como no me ponga ya a corregirlo, será ineludible. Y perder diez kilos es mucho más fácil que quitarse 30.
Pues eso, que la vida sigue y la dieta también. Gracias por los apoyos recibidos.