Pues me parece mal, oye…
Acabo de leer esta noticia en El Mundo…
Después de cinco años de una larga batalla vital para que se reconozca su identidad oficialmente, Julio Cuesta se ha convertido en el primer transexual que cambia de sexo y nombre en su documentación en aplicación de la Ley de Identidad de Género sin necesidad de someterse a la cirugía de reasignación sexual.
Y creo que no está muy bien, porque ¡quien algo quiere algo le cuesta!
Ahora en serio, pasamos a leer lo siguiente:
“Hace 15 años —relata— una negligencia médica le mantuvo un mes en coma y truncó para siempre la posibilidad de someterse a la cirugía de reasignación sexual, ya que se ponía en serio peligro su propia vida”. Este hecho imposibilitó el cambio de la mención de sexo y nombre en sus documentos, al no existir una ley que le reconociera este derecho y, como ha manifestado el mismo Julio Cuesta en reiteradas ocasiones: “no estoy dispuesto a morir para que en mi lápida ponga Julio Cuesta Bernal”.
Pues mira, sí que le ha costado. Me acuerdo de Monty Python y de las “luchas contra la realidad” a las que se enfrentan miles de personas en el mundo. Aunque los ingleses hiciesen una muy buena broma, sigo pensando que la lucha contra la realidad es la más dura a la que nos enfrentamos los seres humanos.












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