Blogging
Este post fue publicado originalmente como comentario en la web de Un Tebeo con Otro Nombre, en la que se recogían declaraciones un tanto malsonantes de dos autores a los que admiro bastante en torno a la libertad de expresión. El tema me dio tanto que pensar que al final acabé extendiéndome más de lo aconsejable. Como el tema me parece interesante y de gran actualidad, he decidido publicar estos párrafos en mi blog:
Como periodista profesional (en el sentido de que cobro por lo que escribo todos los meses, no porque lo haga mejor que la media), me encanta que todo el mundo pueda opinar acerca de lo que le dé la santísima gana y que muchas veces las opiniones de los “iletrados” sean más leídas que las mías. Probablemente son esas personas quienes tienen menos “intereses creados”, y menos necesidad de contentar a nadie. Sus críticas suelen ser, como se ha dicho más arriba, más “coherentes”. De hecho, estoy seguro de que las distribuidoras de cine también están cabreadas por las críticas “independientes” de una legión de personas que hablan de lo que les parece la película sin que les hayan invitado a viajar a ningún sitio ni les hayan pagado el preestreno y los pinchitos. De hecho, seguro que les gustaría emular a Jay y Silent Bob y mandar matones a sus respectivos domicilios para darles una paliza por contrarrestar con su verdad personal una cuidada estrategia de comunicación.
Cada vez más, los “bloggers” más leídos y más respetados terminarán por ser los verdaderos referentes de la opinión pública, y me estoy acordando de esquemas informativos como el que aparece en “El Paralaje Neanderthal” o en “Transmetropolitan”, sin ir más lejos.
El problema es que, a la larga, los individuos, por independientes que quieran ser, son bastante más susceptibles a la perversión que los medios convencionales, aunque sólo sea por un motivo puramente aritmético: resulta mucho más barato sobornar y chantajear a un individuo que a un medio en el que las decisiones dependen de más de una persona. E incluso si mantiene su criterio, la falta de respaldo de un medio y sus abogados puede terminar por hundirle.
A mi juicio, el modelo perfecto es el de un medio convencional (ya sea impreso o por Internet) que cuenta con el apoyo de bloggers respetados por el público. Desde ese punto de vista, las iniciativas de varios gratuitos como 20 Minutos me parecen loables, muy respetables y merecedoras de ser imitadas.
En el marco de todo este debate, os invito a visitar esta noticia.











