“Nunca discutas con un idiota: te arrastran a su nivel y después se aprovechan de su experiencia para machacarte”
Acabo de leer esta frase en un foro sobre cine y me ha llamado poderosamente la atención.
Según pasan los años, me divido más entre la parte de mí que adora los avances tecnológicos y la que los detesta por los efectos que producen en según qué personas. De hecho, las actitudes desplegadas por mis congéneres en casi todos los foros de Internet a los que accedo me sirven para que esta dicotomía interna se agudice.
Cuanto más lo pienso, más creo que, en realidad, la única forma de que un foro funcione es que todos sus miembros sean educados y gentiles hasta niveles completamente ridículos. ¿Por qué? Porque la gente se pasa la vida buscando motivos por los que indignarse.
En el mundo de Internet, especialmente el de los foros, no hay sitio para la ironía, el sarcasmo o el simple desahogo. Tal vez funcione entre grupos pequeños de personas, pero si una afirmación irónica se ve sometida al escrutinio de más de diez personas, SIEMPRE habrá alguien que la malinterprete y consiga aislarla de su contexto original, sintiéndose grandemente ofendido en el proceso. A veces, incluso, puedo ser yo. Por lo tanto, la única forma de practicar hoy en día la incorrección política es hacerlo en un círculo tan cerrado que no quepan las malinterpretaciones.
No se te ocurra decir en un foro sobre cine que una película de Jess Franco es una “mariconada macabra”, porque inmediatamente surgirán de debajo de las piedras veinte tipos con nicks como PapiJess o Naschyrules que te corregirán, indignados, defendiendo la masculinidad de su ídolo. Al mismo tiempo, Lefsucker y Biggrialparatumiembro entrarán en debate para defender al colectivo gay de tan terrible asociación con un tipo tan misógino. Girlpower y Cuttingpenis te asaltarán, al rato, para recordarte que esa misoginia es la causa directa del maltrato doméstico, y el moderador ChumbachumbaTarantinomelazumba, que es un santo, pasará varias horas de su vida pidiendo calma a todos los implicados.
Para todos aquellos que no leen foros, les advierto de que se están perdiendo la gran novela realista de nuestro siglo. Miles de personas generando interrelaciones a un nivel nunca antes visto y desarrollando nuevas reglas de comunicación interpersonal día a día de un modo global.
Habitualmente participo en un foro estadounidense poblado por numerosos estudiantes de arte que aspiran a convertirse en ilustradores (alguno lo conseguirá), y en él nos encontramos a menudo con el bueno de Spider-Steve, un basurero (perdón, funcionario de limpieza viaria) con más moral que el alcoyano y que pasa absolutamente todos sus ratos libres haciendo dibujos propios de un niño de seis años y sometiéndolos a público escrutinio –y sí, Enrique, a mí también me recuerda a Jason Morgan, el sicario de los Macrolatts–. Pues bien, las reacciones ante su “obra” darían suficiente material a cualquier comunicólogo para desarrollar varias tesis doctorales.
La pregunta más habitual de los visitantes ocasionales es: “¿por qué diantres le doráis la píldora a este tipo y le animáis a seguir a pesar de que está claro que no tiene talento en absoluto?” Y la respuesta más habitual es: “¡a la mierda!”, que viene a ser la versión simplificada de “si no comprendes la dinámica de este grupo, no interfieras en ella”.
¿Se trata, en este caso, de la necesidad que tenemos todos los participantes en ese foro de crearnos un entorno estable y libre de críticas destructivas que puedan amargarnos el día? Se aceptan sugerencias.
En cualquier caso, hoy todos podemos opinar sobre todo en todas partes y alcanzar incluso un nivel de micro-fama bastante llamativo (ha llegado la figura de “El rey del foro”). Y aunque les pese a Jay y Bob el Silencioso, ya no es posible viajar por el mundo para atizar a todos aquellos que dicen cosas que no te gustan.
Aunque claro, teniendo en cuenta que SÍ se puede disparar en el metro a bocajarro a la gente que no te gusta, a cada día que pasa las reglas me parecen más difusas.
A veces creo que estamos jugando al parchís con un tablero del monopoly y que, al pasar por la casilla de salida después de tirar porque me toca, me caeré por la escalera sin tener la oportunidad de enseñarle mi full de ases y reyes a esa jodida, plumosa, gordezuela y molesta oca que sigue mirándome con los ojos entornados y una extraña sonrisa en el pico mientras se fuma un puro y se mesa con extremo cuidado las plumas del cuello…
Beware the goose!